Desplazamiento
No volveremos
Lo irreversible no es pérdida, sino una nueva escala de amor y memoria.
No volveremos al punto de partida, ni sentiremos el mar como aquel día. No regresarán las emociones vividas, de fechas que giran una y otra vez en la memoria. Y las imágenes siguen guardadas en la mente, pero al tocarlas sentimos algo diferente. Algo distinto, no aquello esperado, donde hubo fuego queda un calor callado. Y lo que se enfrió hoy vale mucho más, no más cercano: más profundo quizás. No más brillante: más amplio al mirar, ya no solo en nosotros, sino en todo lugar. En la memoria era un punto, ahora es camino. Y donde hubo vacío, descubro el sentido. El no regreso no es una puerta cerrada, ni una historia detrás abandonada. Es un cambio de escala y dirección, un horizonte nuevo ante la visión. Como una piedra en el río, igual de firme cada día. Eso significa que el agua no la borró todavía. Si una nube transforma su forma al partir, no es que deje de ser: es movimiento, es vivir. Y si ya no contemplo las cosas igual que ayer, es porque el cambio de mirada se volvió una razón para creer. Repitiendo caminos, repetimos sueños también, una y otra vez volvemos buscando la dicha otra vez. Y en escenas esperadas regresan los rostros, en lazos conocidos regresan las voces y tonos. Donde es posible leer sin romper el lugar, y donde es posible entender sin tener que explicar. Donde los atardeceres sobre el mar, nos llaman despacio a navegar. Perdernos en el horizonte los dos, siguiendo la luz de una misma voz. Donde los amaneceres siembran amor, como frecuencias suaves alrededor. Y donde quedamos inmóviles al sentir, los rayos del silencio sobrevenir. Ese rincón de leyenda no hay que buscar, basta con amar, basta con soñar. Basta creer en el latir del corazón, y verás el cosmos brillando en tu visión.